La vida duele pero gusta

La vida duele pero gusta

  • ‘Tú & yo’, película crepuscular de Bertolucci, no es la obra menor que dicen

A menudo, los grandes directores desconciertan con las películas que eligen para cerrar sus filmografías. Miren por ejemplo a John Ford, quien, después de pasarse media vida rodando ‘westerns’ hipermasculinos en Monument Valley. se despidió del cine con ‘Siete mujeres’, un drama femenino de misioneras en China. Los genios son así, nunca sabes por dónde te van a salir.

Por eso, que un señor postrado en una silla de ruedas por una devastadora enfermedad y que ha superado los 70 elija para realizar la que, posiblemente, sea su última película la historia de un solitario chaval con acné que escucha a Muse, Arcade Fire y Red Hot Chili Peppers puede sorprender a más de uno. Claro que si ese señor responde al nombre de Bernardo Bertolucci la elección cuadra un poco más. La adolescencia, esa época confusa y a menudo traumática en la que se forja el carácter de las personas, ha sido una de las claves de una carrera que ha transitado tanto por la grandilocuencia épica (‘Novecento’, ‘El último emperador’) como por los espacios cerrados (‘El último tango en París’, ‘Soñadores’). En ‘Tú & yo’, el italiano vuelve a la intimidad de los apartamentos y demuestra que pocos directores poseen su elegancia moviendo la cámara entre cuatro paredes.

Con algo de sorna, Bertolucci dice que su soledad le acompaña mucho. Mucho de eso hay en esta película, que sin embargo es una llamada a la acción y un canto al amor filial. El cineasta ha adaptado el libro ‘Io e te’, de Niccolò Ammaniti (quien también firma el guión junto a Francesca Marciano, Umberto Contarello y el propio Bertolucci), la historia de un chaval con exceso de ego ("es tan narcisista que no necesita a nadie más", dice de él su madre) que decide aislarse del mundo en el sótano de su casa, para dedicarse a leer ‘Entrevista con el vampiro’, escuchar música y contemplar su hormiguero. Una juerga nihilista que romperá su hermanastra Olivia, una yonqui a la que apenas conoce y que pretende quedarse allí para desintoxicarse antes de empezar una nueva vida junto al mar.

Para ambos papeles Bertolucci hizo pruebas a un centenar de actores hasta que encontró a la felina Tea Falco, otro nuevo bellezón adolescente en su lista de descubrimientos, y a Jacopo Olmo Antinori, una especie de mini Malcolm McDowell con acné. Gracias a su maestría probada a la hora de dirigir actores, ellos son lo mejor de esta pieza de cámara que cruza a un misántropo trasunto de Holden Caulfield con una bella durmiente en pleno síndrome de abstinencia. Desconocidos aunque con la misma sangre, los dos serían lo mismo sin un punto de vista. Ella con su vida llena de moratones le pedirá que deje de esconderse, porque sí, la vida duele, pero hay que vivirla. Una llamada a la acción que conmueve sabiendo las circunstancias de su director. "La indiferencia no es una cosa buena", susurra Falco cuando explica que las drogas le hacen no sentir. Entonces, esos dos muchachos perdidos en un sótano adquieren la dimensión de una generación que también parece anestesiada, en tiempos que piden acción.

Vista en el festival de Cannes de 2012, la cinta se proyectó fuera de concurso. Muchos la despacharon como una obra menor. Y sin embargo, no deja de conmover asistir al encuentro y descubrimiento de estos hermanos ‘outsiders’. Ojalá la cartelera se llenara de ‘menorías’ como esta.

http://www.elmundo.es/elmundo/2013/07/26/cultura/1374825068.html

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