Tim Burton: ‘Batman vuelve’, el murciélago, la gata y el pingüino

Tim Burton: ‘Batman vuelve’, el murciélago, la gata y el pingüino

La Warner llevaba detrás suya para que interviniera en la secuela desde que por obra y gracia de su visión ‘Batman’ (id, 1989) se convirtiera en uno de los filmes más taquilleros de la historia del estudio. Pero Tim Burton se negaba una y otra vez a volver a implicarse en un proceso de producción que tenía todas las de igualar —o incluso superar— las duras condiciones que se habían dado cita en la primera entrega de la saga del hombre murciélago. En sus palabras:

No quería hacer la secuela de ‘Batman’ porque estaba algo quemado y no sabía si podría aportar algo nuevo. Tardé mucho tiempo en volver a interesarme otra vez. En parte era por todas esas extrañas circunstancias: eso de no tener ni un minuto, trabajar siete días a la semana en condiciones realmente duras, no tener ni la oportunidad de pensar, no tener resuelto el guión.

Pero si algo tenía claro Warner era que la lista de potenciales directores para la secuela de ‘Batman’ empezaba y terminaba en Tim Burton, y era con él, o la segunda parte no se rodaría nunca. Y tras dos años de persistir en la oferta, el cineasta finalmente claudicó imponiendo, eso sí, una serie de categóricas e inamovibles condiciones para firmar de nuevo con la major. Entre ellas y al margen de rechazar del pleno el tratamiento inicial de la historia que había escrito Sam Hamm, guionista de la primera parte, Burton reclamaba un control absoluto sobre todos los aspectos de la producción. En otras palabras, todo aquella duda que surgiera sobre cómo hacer algo, por nimia que fuera, tenía que ser aprobada por él personalmente. Warner, obviamente, no puso reparos.

(A partir de aquí, spoilers)En lugar de Sam Hamm, Burton haría caso a la recomendación de Denise Di Novi, su socia, de echar mano de Daniel Walters, conocido de ésta que trabajó bajo una simple premisa: el guión tenía que tener poca o ninguna conexión con lo que se había visto en la primera parte. Burton pretendía con ello dar una nueva vuelta de tuerca a lo que le interesaba del personaje, algo que, como ya veíamos en su momento, no era potenciar el lado superheróico del mismo, sino adentrarse aun más en la torturada psique de Bruce Wayne y su alter ego.

Para ello, el guión presentado por Walters hilvanaba una historia con la que Burton pudo identificarse sin problemas gracias a la inclusión de dos personajes mucho más extremos que el propio Batman: Catwoman y el Pingüino. La adición de estos dos singulares “villanos” presentaba una oportunidad única para el director aumentar las connotaciones oscuras y tenebrosas que ya en la anterior cinta se habían apuntalado y que aquí encontrarían reflejo por mano del constante contraste entre el justiciero enmascarado, la desequilibrada vestida de vinilo negro y el freak con ansias de venganza.
Con Michael Keaton repitiendo en la piel del héroe protagonista, para Burton era fundamental, como ya lo había sido en ‘Batman’, encontrar a los intérpretes perfectos para encarnar con algo más que mera solvencia a dos personajes que, junto a Keaton, servirán al cineasta para construir una peculiarísima y ecléctica fábula que, de nuevo, incide sobre temas que ya habíamos visto, de una forma u otra, en sus anteriores filmes.

Afirma Walters que “de algún modo sabía que Danny DeVito iba a interpretar al Pingüino. No es que se le hubiera fichado de forma oficial pero la lista de tipos de poca estatura y desagradables es muy corta. Y así, terminé escribiendo el personaje para el actor”. Sometiéndose a una impresionante transformación física a través de un maquillaje que, de forma muy merecida, estuvo nominado al Oscar, Danny DeVito es una de las tres esquinas en la que se sustenta el relato puesto en pie por Walters y visualizado por Burton.

Personaje ambiguo donde los haya, y con un traumático origen que lo acerca desde cierto punto de vista al de Batman, el Pingüino, como ya sucediera con el Joker, tiene más tiempo en pantalla que el hombre murciélago, siendo esta decisión una de las que más se criticó al filme en el momento de su estreno junto a otras que veremos más abajo. Definido mediante connotaciones mesiánicas y bíblicas —es abandonado como Moises en las aguas de un cauce y regresa al mundo en Navidad con la misma edad con la que Cristo muere— a las que su grotesco aspecto da un giro completamente bizarro, el personaje del Pingüino se opone al similar talante de redentor de Gotham con el que se reviste Batman, obligando a éste en su enfrentamiento final a asumir su cara más oscura.

Pero si interesante resulta este pilar de la cinta, mucho más lo es Catwoman. Para interpretar al complejo personaje, una secretaria amargada y solterona que dará rienda suelta a su violencia y sexualidad a través de la muerte y posterior resurrección —de nuevo, ciertas connotaciones bíblicas son innegables— Burton contrató a Annette Bening tras verla en ‘Los timadores’ (‘The Grifters’, Stephen Frears, 1990), pero la actriz se vió obligada a apearse del rodaje tras quedarse embarazada.

Comenzó entonces un largo transitar por nombres como los de Raquel Welch, Jennifer Jason Leigh, Madonna, Ellen Barkin, Cher, Bridget Fonda, Susan Sarandon y Sean Young, que protagonizaría una de las anécdotas más recordadas del filme: habiendo sido la actriz originalmente propuesta para interpretar a Vicki Vale en el primer filme, y queriendo participar a toda costa en esta segunda parte, Young llegaría a visitar las oficinas de producción vestida como Catwoman demandando una audición.

Afortunadamente, el papel terminaría yendo a parar a una felina Michelle Pfeiffer que, en la dualidad de Selina Kyle/Catwoman, compuso una de las mejores interpretaciones de su carrera creando de paso todo un icono del séptimo arte. Al igual que el Pingüino, el talante de la gata es ambiguo y esquivo y el espectador casi nunca termina de saber qué impulsos guían sus acciones. Sumado a ello, el hecho de ser el doble interés romántico del protagonista —de Bruce como Selina y, en cierto sentido, de Batman como Catwoman— permite a Burton y Walters analizar con precisión los mitos a través de las máscaras, un análisis que alcanza su mejor expresión en la fantástica escena del baile, con Bruce y Selina como los únicos que no llevan disfraz porque, precisamente, su disfraz es no ir vestidos como sus alter egos, sus verdaderos yo.

En detrimento de lo mucho que la cinta presta atención a los dos nuevos personajes, el protagonismo de Batman, y sobre todo el de Bruce Wayne, queda reducido a casi una mera comparsa de lo que vamos viendo ya en el Pingüino, ya en Catwoman, y desde su ridícula presentación hasta el abierto final, si algo queda aquí mucho más claro de lo que ya había sido expuesto en ‘Batman’ es que el interés de Burton reside más en analizar al personaje por el reflejo en su galería de villanos que por lo que sus motivaciones pueden llegar a suponer.

Su poca presencia termina pesando bastante más en sentido negativo en la apreciación de un filme que ya en 1992 cuando salí del cine me pareció que el tiempo no iba a tratar muy bien, confirmando los veintiún años transcurridos desde entonces que, al contrario que ‘Eduardo Manostijeras’ (‘Edward Scissorhands’, 1990), ‘Batman vuelve’ ha sido maltratada por el paso de los lustros. Entre los valores que se conservan intactos, al margen de las interpretaciones de Pfeiffer y DeVito, podríamos apuntar el gótico y tenebroso score de Danny Elfman, tan espectacular en lo sinfónico como el primero y de una calidad temática asombrosa que se relaciona de forma íntima con el desarrollo psicológico de los personajes.

Desafortunadamente, ni su diseño de producción, pálido remedo de lo que Anton Furst levantara para el anterior filme, ni una dirección demasiado irregular cuyas carencias se agravan por un montaje que hace gala del mismo talante, pueden elevar la cinta a la altura de su antecesora, y sus resultados críticos y de taquilla no hicieron más que exponer que la mayor oscuridad en el tratamiento de la cinta no había sido el acierto que Burton tenía en mente. Tanto es así que la Warner, que no pensaba en Batman sin el cineasta, decidiría dejar de contar con él para la siguiente entrega de la franquicia, una ‘Batman forever’ (id, Joel Schumacher, 1995) para la que se eligió un tono más ligero y colorista y que terminó siendo un esperpento de mucho cuidado.

Para finalizar, y como curiosidad, Burton podría haber seguido ligado al universo del hombre murciélago de haber conseguido sacar adelante la idea inicial de dirigir una cinta protagonizada por ‘Catwoman’ que, con guión de Daniel Walters, habría vuelto a contar con Michelle Pfeiffer como protagonista. Pero su guión —que llevaría a una amnésica Selina al equivalente ficticio de un Las Vegas controlado por superhéroes (sic)— y el hecho de que la producción se prolongara durante años sin llegar a buen puerto terminaría por separar a director y actriz del proyecto, llegando a buen puerto —es un decir— con esa basura que protagonizó Halle Berry.

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